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CRONÓGRAFOS PCYC

PANERAI Y EL MAR. UNA HISTORIA DE PASIÓN INFINITA

Nada como el mar permite al ser humano contemplar el infinito. Con su incesante movimiento y su capacidad para ser siempre igual y, al mismo tiempo, diferente, el mar permite al ser humano entrar en una dimensión mitológica, casi ajena al espacio y al tiempo. Officine Panerai guarda un vínculo verdaderamente único y duradero con el mar, como lo demuestra su nueva gama de cronógrafos y relojes de regata cuyos diseños y funciones remiten al universo de los veleros clásicos. Desde principios del siglo XX, la marca italiana ha suministrado instrumentos de alta precisión a la Armada Real Italiana para cubrir las necesidades de sus comandos especiales de submarinistas. Rindiendo homenaje a este vínculo histórico, Officine Panerai lleva muchos años promoviendo la cultura del mar, en particular a través del patrocinio del Panerai Classic Yachts Challenge, unos de los circuitos internacionales más importantes de regatas para veleros clásicos.

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No se trata solamente de patrocinar una serie de regatas, sino de establecer un auténtico vínculo con los valores y las tradiciones que también se pueden encontrar en la artesanía de Officine Panerai. Las embarcaciones que participan en el Panerai Classic Yachts Challenge son de tipos muy diversos en cuanto a tamaño y velamen, pero constituyen un fantástico espectáculo cuando compiten unas junto a otras. A lo largo del año, se celebra toda una serie de regatas por las costas de los lugares más famosos del Mediterráneo, como Antibes, Argentario, Mahón y Cannes. Los yates también pasan por la isla de Wight y atraviesan el océano Atlántico, costeando el litoral americano de Rhode Island. Precisamente en la isla de Antigua es donde Officine Panerai hizo realidad otro sueño extraordinario: rescatar el Eilean (que en gaélico significa isla pequeña), un queche bermudeño construido en los legendarios astilleros de Fife, en Escocia, por William Fife III, uno de los más importantes arquitectos navales de todos los tiempos. Hicieron falta tres años enteros para devolver al Eilean al mar y a su esplendor original. Este esplendor dejaba fascinado a todo aquel que había tenido la fortuna de encontrarse con el Eilean desde el año de su botadura: 1936, el mismo año en que vio la luz, en Florencia, el prototipo del primer reloj Panerai.